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YO ABORTO, TÚ ABORTAS ¿QUIÉNES ABORTAMOS SEGURES?

Por Belén Yanacón


La generación de una política pública supone la toma de ciertas decisiones y acciones que tiene como fin la resolución, de forma puntual, de un problema que se define como colectivo. Pensar la elaboración de políticas públicas desde una mirada interseccional permite contemplar el abordaje de las distintas interacciones con las que se relacionan las personas y que afectan el efectivo ejercicio de sus derechos. En este sentido, entendemos la interseccionalidad como las distintas discriminaciones y desventajas que suceden como consecuencia de las distintas identidades que surgen de las relaciones sociales, la historia y las estructuras de poder (principalmente etnia, nivel de ingresos y géneros), reconociendo las experiencias individuales que resultan de la interacción de esas identidades.
La importancia de pensar la interseccionalidad al momento de abordar temas como la planificación familiar, el deseo de gestar y el deseo y la decisión de no gestar, radica en la posibilidad de salir de la idea de que las personas gestantes son un grupo homogéneo, que se posicionan de igual manera en las estructuras de poder.
Desde esta mirada es que se plantea la inexorable necesidad de que el aborto sea legalizado, y por ende seguro y gratuito, para que de esta forma el estado garantice su acceso a todas las personas con posibilidad de gestar, considerando que muchas de ellas no tienen la posibilidad de pensar su vida en términos de planificación familiar, o que a pesar de su gratuidad no tienen acceso a métodos de anticoncepción, ya sea por falta de acceso a una adecuada información, por ineficacia de la asignación de recursos públicos o, incluso, por estar inmersas en una relación violenta que les impide acceder a ellos.
La clandestinidad del aborto afecta considerablemente en mayor medida a las personas gestantes excluidas del sistema educativo y el laboral. Que los pocos datos estadísticos que hay surjan de la salud pública, deja entrever que quienes sufren mayores complicaciones y mayor mortandad por esta causa sean quienes no tienen acceso a los recursos necesarios para realizarse un aborto en un ambiente salubre, cuidado y que asegure un acompañamiento acorde a la práctica efectuada.
Por último, entiendo importante señalar que la generización de las políticas públicas implica que las concepciones, términos y destinataries de las mismas están atravesadas por la valorización simbólica que las sociedades y sus culturas le asignan a determinadas características asociadas a un género. En este sentido, es indispensable que ese aspecto se piense desde una perspectiva que reconozca todos los géneros y no se base en el binomio femenino-masculino.
En estos términos, y tal vez como crítica al proyecto de interrupción legal del embarazo actualmente presentado para su tratamiento, resultaría más adecuado hablar sólo de personas gestantes, independientemente del género que las identifique, sin diferenciar una identidad de género (mujeres) sobre otras (otras personas gestantes).


Imagen:@juana.solaripaats